lunes, 3 de octubre de 2016

Cristina tiene razón: en su gobierno los pobres no reclamaban



Por Mariano Álvarez
(marianoalvar@yahoo.com.ar)


En medio de la polémica generada por la difusión de las cifras reales de indigencia (6,3%) y pobreza (32,2%) luego del ocultamiento llevado a cabo por el gobierno anterior, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner mencionó que en su gobierno "no vio movilizaciones de pobres".
 
Ciertamente, es llamativa la baja intensidad del reclamo de los sectores populares en dichos años a pesar de que todo estudio serio sobre el tema alertaba sobre el crecimiento de la pobreza y marginalidad (recuerdo, por ejemplo, el relevamiento llevado a cabo por la ONG Techo en el año 2013 en donde quedó en evidencia el aumento de villas miserias y asentamientos en todo el país).
 
Entonces ¿Cristina tiene razón? Sí, pero por motivos totalmente distintos a los que dice y quiere hacernos creer. Para encontrar las verdaderas causas de la desmovilización en ese periodo es necesario comenzar preguntándose: ¿Por qué los pobres no reclamaban a pesar de ver degradas sus condiciones de vida? ¿Por qué gran parte de la clase política Argentina se hizo la distraída durante todos estos años? ¿Por qué muchas organizaciones sociales (K y no K) desactivaron o disminuyeron sus reclamos hacia el gobierno? La respuesta es una sola: gracias al clientelismo político. Un sistema que les conviene a todos, excepto a quienes son rehenes de la extorsión: los pobres. Un mecanismo de cooptación que no es nuevo pero que el Kirchnerismo perfeccionó hasta convertirlo en política de Estado. El resultado fue la consolidación de una cultura clientelar que atraviesa a toda la sociedad argentina. Y que llenó el país de mercaderes de la pobreza que incluye no sólo a políticos de distintos rangos y pertenencias, sino también a sindicalistas y dirigentes sociales.
 
Las consecuencias de esta deshumanización de la política son variadas. Toda la bibliografía sobre clientelismo político reconoce que el principal efecto que tiene sobre los pobres es disciplinarlos, desactivando potenciales reclamos y movilizaciones. Esto hizo el kirchnerismo y sus punteros (que no necesariamente eran del FPV) diseminados en todo el país.
 
Esta lógica explica, también, las reiteradas cadenas nacionales en donde Cristina Kirchner actuaba como una “gran puntera” política. ¿Ustedes creen que esas cadenas tenían por objetivo molestar a las señoras que miraban la novela? No! El objetivo era recordarles en forma inequívoca a “todos y todas” (en especial a los pobres) quién era la benefactora de la ayuda social. Quien era la "patrona", utilizando un término conocido en la literatura sobre clientelismo. El efecto y mecanismo que sigue es bien conocido por quienes transitamos los barrios marginales: los punteros, en forma articulada (diría casi instintiva) amenazaban en forma directa o indirecta (a través del rumor) a los beneficiarios de la ayuda social. Cualquier disidencia o resistencia a participar de marchas u otras actividades a favor de Cristina, gobernadores, intendentes o dirigentes sociales pertenecientes al proyecto "nacional y popular" llevaba consigo la advertencia y posibilidad de perder la vital asistencia estatal.
 
La cultura clientelar hace que cada peso de ayuda social vaya acompañado de la idea de intercambio político. La política pública pierde, entonces, su propósito igualador y se convierte en una herramienta de dominación que anula al ciudadano en estado de pobreza. Esta es una poderosa razón para explicar por qué a pesar de los cuantiosos recursos volcados a la ayuda social durante la "década ganada" seguimos teniendo escandalosos e inmorales niveles de pobreza estructural en nuestro país. El premio Nobel de Economía, Amartya Sen, diría que al condicionar la libertad política de los pobres, se les impide hacer oír su voz, privándolos de una herramienta indispensable para reclamar y ser escuchados por los gobernantes. Pero además, detrás del clientelismo, al menos en la forma obscena en que derivó en estos años, se esconde un impulso de dominación, de desprecio al otro, a la libertad del otro, al uso del otro. Esta violencia ejercida en forma sistemática sobre los más vulnerables acarrea consecuencias trágicas para su reinserción social, perpetuando la pobreza y la marginación.
 
“Pobreza Cero”, el horizonte trazado por el presidente Mauricio Macri, requerirá que los argentinos recuperemos el sentido de la solidaridad y el respeto a la dignidad humana, poniendo en el centro al ser humano y no al poder y los negocios. Cuando esto ocurra, los planes asistenciales dejaran de tener sentido. No porque lo diga un economista ortodoxo, incapaz de percibir en toda su dimensión la compleja realidad social argentina posterior al 2001. Sino porque la ayuda social sin condicionamientos permitirá a la gran masa de excluidos dar rienda suelta a su creatividad y potencial, lo que le permitirá incorporarse paulatinamente al mercado laboral y productivo argentino. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Una reforma electoral bien intencionada, pero lejos del objetivo anunciado


Por Mariano Alvarez (*)

 El proyecto de reforma política que comienza a discutirse en el Congreso de la Nación presenta propuestas de tipo procedimental interesantes en lo concerniente a mejorar el proceso electoral argentino. Sin embargo, parte de un diagnóstico equivocado cuando afirma que "nuestro país cuenta con una democracia sólida" evidenciando una desconexión con la realidad de la calidad democrática argentina, más próxima a una ciudadanía de baja intensidad como la describió el extinto politólogo Guillermo O'Donnell. El resultado es un proyecto bien intencionado pero de alcance limitado y sesgado que deja fuera de consideración a una parte importante de la población, fundamentalmente aquella que es rehén del clientelismo político.

 Si por democracia entendemos solamente el ejercicio del derecho al voto, entonces resulta apropiado aventurar que nuestra democracia está consolidada. Efectivamente, desde el año 1983 a la fecha los argentinos hemos concurrido regularmente a las urnas a participar de elecciones. Sin embargo, la democracia es mucho más que ir a votar regularmente, y es a partir de este reconocimiento básico en donde caemos en la cuenta de lo lejos que estamos de haberla consolidado. Igualdad, consenso, competencia, pluralismo, principio mayoritario, respeto a las minorías, constitucionalismo y participación, son todos atributos que hacen a la democracia y en los cuales debemos trabajar y mejorar mucho. Sin embargo, es el último, el de la participación, el más importante por estar vinculado directamente a una libertad fundamental como es la libertad política.

 La discusión sobre la libertad política es eminentemente práctica. No es filosófica ni moral. Así lo entendió John Locke cuando en el segundo de los Dos Tratados sobre el Gobierno la define como el no estar "sujetos a la inconstante, incierta, desconocida y arbitraria voluntad de otros hombre". Más próximo en el tiempo, el politólogo Giovanni Sartori la llamó acertadamente libertad "protectora", dado que protege al ciudadano de la opresión de los poderosos. Un tipo de libertad que se ve amenazada en los barrios pobres y marginales de nuestro país afectando decididamente la calidad de la democracia. En estos barrios el vínculo clientelar hace que el cuarto oscuro no sea tan oscuro, y es poco importante si se vota en papel o en boleta electrónica. Lo cual, incluso, puede agravar el problema por temor a quedar "marcado" en el sistema, rumor que harán correr los punteros políticos poco tiempo antes de la elección.

 Sin dudas, el cambio de gobierno representa un paso positivo en relación a este tema. Ya no tenemos un presidente que amenaza veladamente por cadena nacional a los beneficiarios de ayuda sociales. Sin embargo, el clientelismo entendido como un sistema de coacción a los más necesitados y que llegó al máximo grado de obscenidad durante el gobierno kirchnerista sigue vigente. Entre otras cosas, porque es una práctica arraigada culturalmente y transversal en distintos grados a todos los partidos políticos y organizaciones sociales que administran recursos del Estado. Quizás por esta razón poco se hable del tema a pesar de su importancia.

 Desde luego, la idea de crear un ente autárquico electoral, establecer la Boleta Única Electrónica (BUE), eliminar las listas sábanas y transparentar el financiamiento partidario son reformas positivas. Sin embargo, lejos se estará de lograr el objetivo declarado de "promover una democracia de alta calidad en el Siglo XXI" si cuando hablamos de reforma política no ubicamos en el centro del debate la problemática del clientelismo político en toda su dimensión y complejidad. Erradicar esta anomalía a la que tristemente nos hemos acostumbrado resulta fundamental para elevar la calidad democrática. Es el paso previo para mejorar las condiciones sociales y de equidad necesarias para un ejercicio pleno de la ciudadanía de todos, fundamentalmente la de los pobres, que tienen en la libertad política su mejor herramienta para el ascenso social.

 (*) Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad del Salvador y profesor universitario.
Publicada en Agencia TELAM, el día 16-08-2016
http://www.telam.com.ar/notas/201608/159201-reforma-electoral-mariano-alvarez.html

jueves, 14 de enero de 2016

La estrategia del Kirchnerismo Republicano

 
 
 
 
Por Mariano Álvarez
Doctor en Ciencias Políticas
@malvarezMGA

Como por arte de magia, de pronto sucedió lo impensado. Dirigentes Kirchneristas parecen haber aprendido en poco más de un mes la importancia del orden republicano. ¡Justicia Independiente! ¡Libertad de Prensa! ¡Cautelares! ¡Van por todo! se escucha en boca de quienes durante doce años de gobierno hicieron todo lo posible por derrumbar las garantías que establece la Constitución Nacional para sus súbitas exigencias del momento.

Puesto que como dice el dicho popular, “al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen” deberíamos ser cautelosos y preguntarnos a qué se debe el hecho que podríamos catalogar de milagroso, consistente en la aparición de esta especie de oxímoron a la que denominamos Kirchnerismo Republicano.  Sin ser ingenuos y considerando que el Kirchnerismo es un espacio político autoritario en el ejercicio del poder, pero inteligente en la búsqueda del voto popular (así se construyen las democracias delegativas), deberíamos lograr dilucidar a que tipo de estrategia política conducen los movimientos “republicanos” de sus dirigentes y que tienen por objetivo recuperar el caudal de votos necesario para hacer una buena elección de mitad de mandato el año próximo año y cumplir, en 2019, el proyecto “Bachelet” en su versión argenta con el retorno de Cristina Kirchner al sillón de Rivadavia. 

La estrategia no es nueva y se encuentra varias veces en la historia política. Se la denomina el “efecto espejo”. El espejo es una excelente arma para el engaño, ya que permite desorientar al oponente seduciéndolo con la ilusión de compartir sus valores. El Kirchnerismo, al mostrarse republicano, en realidad está proyectando una imagen falsa sobre el electorado que no lo votó, el electorado que pondera los valores republicanos. De esta forma intenta ganarlo y aumentar su base de sustentación electoral para la próxima disputa electoral, socavando, al mismo tiempo, la base de sustentación moral del actual gobierno del PRO, consistente, precisamente, en la virtud republicana.  

Esta estrategia fue la fuente de poder del ambicioso general ateniense, Alcibíades (450-404 a.C.). Cuentan que cada vez que se encontraba con alguien, el general se  esforzaba por percibir los gustos y el estado de ánimo de esa persona, y, rápidamente ajustaba sus acciones y palabras de tal modo que reflejaran los deseos de su interlocutor. La primera víctima de esta estrategia fue ni más ni menos que el sabio filósofo Sócrates. Alcibíades encarnaba lo contrario del ideal socrático basado en la honestidad y la sencillez. Carecía de principios y vivía rodeado de lujo y libertinaje. Sin embargo, cuando se encontraba con Sócrates se comportaba de forma sobria y frugal, hablando sólo de filosofía y virtud. Si bien Sócrates conocía la otra vida de Alcibíades no pudo resistirse a la influencia que sobre el despertaba el general, a tal punto de convertirse en su ferviente admirador y partidario. Llegó, incluso, a arriesgar su vida para salvarlo durante la batalla de Potidea.

Dicho esto, no resulta casual que el mascaron de proa del kirchnerismo republicano sea Martín Sabbatella, un dirigente conocedor de la estrategia del espejo. Al igual que Alcibíades, supo, en su momento, engañar a toda la población de Morón proyectando una imagen de dirigente republicano lo que le permitió desplazar al PJ de Rousselot, para luego terminar abrazado a lo peor del PJ de la mano de Aníbal Fernández. 

Al igual que Sócrates, el electorado de “Cambiemos”, en principio, sospecha de las intenciones del kirchnerismo y se mantiene alerta. Sin embargo, como vimos, son pocos los que pueden resistirse al “efecto espejo” si el mismo se sostiene en el tiempo.

Es de esperar que el gobierno logre contrarrestar esta estrategia y evite una involución al autoritarismo en 2019.

martes, 22 de diciembre de 2015

¿Por qué es importante limitar el poder presidencial?



Por Mariano Álvarez
Doctor en Ciencias Políticas
@malvarezMGA

Durante este tiempo de recambio gubernamental parte importante del debate público giró en torno a la necesidad de levantar el cepo al dólar. Con acierto se la considera una medida importante para reconstruir una economía maltrecha como consecuencias de las políticas implementadas durante el kirchnerismo. Sin embargo, entiendo que el foco de atención debería estar puesto en el plano de lo político y no tanto en lo económico, puesto que el cepo al dólar es consecuencia directa de la insuficiencia de otro cepo, aquel que busca limitar el autoritarismo del que es capaz el poder presidencial en nuestro país.

Si algo hemos confirmado los argentinos en estos doce años es que no basta con que se realicen elecciones democráticas para que sus gobernantes ejerzan el poder en forma democrática. Si bien las fatigadas instituciones republicanas resistieron el avance del populismo y finalmente fue posible celebrar un recambio de gobierno en el marco de lo establecido por la Constitución Nacional, lo cierto es que, parafraseando a Winston Churchill,  la aventura kirchnerista costó “sangre, sudor y lágrimas”. Los muertos como consecuencia de la corrupción, el aumento del narcotráfico, la falsificación de las estadísticas oficiales, el ataque a la libertad de prensa, la embestida contra la justicia independiente, el menosprecio a la oposición, el despilfarro de los recursos económicos y el clientelismo político exacerbado, entre otras gravísimas anomalías, se explican de alguna u otra forma a partir de un proyecto político que se pensó para siempre y cuyo objetivo primordial fue acumular poder por la vía del conflicto y la división nacional, cueste lo que cueste.

La desmesura creciente del ciclo kirchnerista iniciado en el año 2003 nos puso al borde del autoritarismo, tal como señaló acertadamente el presidente de la Nación, Mauricio Macri, en su discurso frente a la Asamblea Legislativa. Los argentinos corrimos un alto riesgo que no deberíamos volver a repetir y que ingenuamente creíamos haber superado sin advertir que al igual que un virus sofisticado, el autoritarismo tiene la capacidad de transformarse con el fin de seguir acechando la libertad y el desarrollo.

En tiempos de esperanza por lo que viene, pero también de balance por lo que pasó, es menester asumir esta grave falencia de nuestro sistema democrático para actuar en consecuencia con el fin de promover las reformas estructurales necesarias y evitar que un gobernante elegido democráticamente se convierta en un autócrata, puesto que de ello depende el futuro y evolución de nuestro país. Cometeríamos un grave error si circunscribiéramos el problema a las personalidades autoritarias de los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner. Precisamente, lo que se espera de las instituciones republicanas es que garanticen el desempeño pleno de la democracia independientemente de las virtudes republicanas de quien ocupe momentáneamente el rol de presidente. Esta garantía fue la que se evidenció insuficiente en todos estos años hasta el punto en que la ciudadanía debió salvaguardar el sistema manifestándose en varias oportunidades para neutralizar el objetivo hegemónico del “vamos por todo” mencionado públicamente por la entonces presidente a principios de 2012. Fueron las masivas marchas populares de aquel año las que produjeron un cambio en la legitimidad del poder y el posterior resquebrajamiento del bloque oficialista, imposibilitando las mayorías necesarias para materializar el proyecto de reelección indefinida en curso.

La cuestión del inmenso poder que nuestra Constitución Nacional pone en manos del presidente es un tema aun no resuelto a pesar de la reforma constitucional llevada a cabo en 1994. Es importante recordar que la Convención Nacional Constituyente de aquel año intentó atenuar el sistema presidencialista introduciendo la figura del Jefe de Gabinete. Sin embargo, los resultados fueron nulos puesto que el Jefe de Gabinete carece de autonomía cierta, siendo en los hechos un mero delegado del presidente, incapaz, por lo tanto, de oponer un mínimo contrapeso al mismo.

La necesidad de equilibrar el poder presidencial en relación a los otros poderes del Estado sigue siendo el “nudo gordiano” que debemos cortar para comenzar la transición a una verdadera República en la que rija la división de poderes y la alternancia política como condiciones necesarias e indispensables de una democracia plena y enriquecedora. Con este objetivo y sin desconocer y minimizar las dificultades inherentes a todo proceso de reforma constitucional, entiendo que puede resultar fructífero y convocante iniciar este camino lo antes posible, lejos de todo oportunismo electoral, aprovechando el impulso y la fuerza de cambio que es propia de todo nuevo gobierno y que en el caso del actual lleva en su génesis el mandato republicano.

 

 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Tras la inauguración, cartón pintado.

Publicado en la edición impresa del Diario La Nación del día Martes 20 de Octubre de 2015
Por Mariano Alvarez
Link: http://www.lanacion.com.ar/1837938-tras-la-inauguracion-carton-pintado

Tras la inauguración, cartón pintado.

El 7 de octubre pasado, la presidenta Cristina Kirchner inauguró el Hospital General de Agudos Dr. René Favaloro en La Matanza, localidad de Rafael Castillo. Dijo que el edificio a sus espaldas no era "cartón pintado". Sin embargo, a pocos días del evento, transmitido por cadena nacional, algunos medios informaron que el flamante hospital tenía sus puertas cerradas; efectivamente, el edificio era "cartón pintado", ya que adentro estaba vacío. Esta situación no resulta una excepción o una desinteligencia burocrática, sino que responde a un mecanismo perverso de comunicación política que Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi durante la Segunda Guerra Mundial, describió con una frase célebre: "Miente, miente, miente, que algo quedará; cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá".

A principios de noviembre de 2011, mantuve una charla con Vanesa, desocupada, sin obra social, vecina del Barrio La Palangana, uno de los más postergados de Gregorio de Laferrere, partido de La Matanza. La joven, de unos 25 años, estaba embarazada y había ido a atenderse al recientemente inaugurado Hospital Dr. Alberto Balestrini, ubicado en la cercana localidad de Ciudad Evita. Me contó, azorada, que al llegar encontró el hospital maternal cerrado y vacío. En el lugar, preguntó a unos obreros que estaban trabajando si se trataba de un problema momentáneo o un malentendido, ya que ella había visto días atrás por televisión a la Presidenta inaugurar el centro de salud junto al gobernador Daniel Scioli; el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, y cientos de funcionarios, empleados estatales, obreros, directores de escuelas y sus respectivos alumnos. La respuesta obtenida fue que "todo era política" y que "el hospital estaba pintado por fuera, pero totalmente vacío por dentro". Indignada, Vanesa agarró su bolso, cargó a su hija menor en brazos y se tomó el colectivo para atenderse en la Capital Federal, donde acontecen cerca de la mitad de los nacimientos de hijos de madres matanceras.

Producto de este y otros casos similares, en junio de 2012 radiqué una denuncia en la Defensoría del Pueblo de La Matanza, argumentando que el acto público del 7 de octubre de 2011, montado y orquestado por las máximas autoridades políticas de la Nación, la provincia y el municipio de La Matanza, fue una falsa inauguración que tenía por fin engañar a la población matancera para influenciarla políticamente pocos días antes de la elección nacional que se llevaría a cabo el domingo 23 del mismo mes, en la que la actual presidenta buscaba su reelección.

Expliqué en la nota que el engaño estaba dirigido fundamentalmente a los sectores más empobrecidos y vulnerables de la población matancera, que carecen de obra social y disponen de poca información, en muchos casos influenciados por punteros políticos, con la intención de esperanzarlos en una temática muy sensible para nuestros hermanos en situación de pobreza y absolutamente desatendida y en franca decadencia como es la salud pública.

Gracias al uso de la cadena nacional y los distintos medios de comunicación, el relato mentiroso se esparce en cuestión de minutos a millones de ciudadanos y serán pocos los que adviertan el engaño antes del día de la elección. Al mismo tiempo, serán muchos menos los que expresen su indignación una vez descubierta la maniobra fraudulenta. Por eso, las falsas inauguraciones por cadena nacional se suceden por todo el país a un ritmo creciente desde que Cristina Kirchner llegó al poder.

Ciertamente, al Gobierno no le importa la posterior develación de la verdad, la manipulación de las fechas y del sentido de la palabra inauguración. Cuando se ingresa al hospital denunciado, en su entrada principal, a la izquierda, puede leerse una pomposa placa conmemorativa que no sólo inmortalizó el engaño, sino que hizo cómplices de la mentira a todos los ciudadanos de La Matanza, entre los que me cuento. Dice textualmente: "Hospital Materno Infantil. Dr. Alberto Balestrini. Vicegobernador de la provincia de Buenos Aires. Dra. Cristina Fernández de Kirchner. Presidenta de la Nación argentina. Daniel Scioli. Gobernador de la provincia de Buenos Aires. Fernando Espinoza. Intendente de La Matanza. Pueblo de La Matanza. Octubre de 2011". Como enseñó el genial George Orwell en su influyente novela 1984, los gobiernos autoritarios manipulan la información sabiendo que quien controla el presente controla el pasado y quien es capaz de controlar el pasado controla el futuro.

Por cierto, la denuncia presentada fue derivada a la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, que la desestimó con argumentos más próximos a los intereses del poder que a los de Vanesa y su hijo por nacer. Los hechos muestran que el hospital Balestrini realizó sus primeras atenciones en guardia a fines de 2013 y aún hoy, luego de haber sido "inaugurado" cinco veces, funciona en una mínima parte de sus capacidades, con graves deficiencias de personal médico, insumos, atención de especialidades y asignación de turnos.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Razones para votar este Domingo a #LaFórmulaSoñada

Carrió-Flores: El poder de una fórmula presidencial capaz de provocar un cambio cultural

Por Mariano Álvarez

Las fórmulas presidenciales no son inocuas. A partir de su composición y puesta en consideración son un insumo fundamental para el electorado que se dispone a votar la conducción de los asuntos públicos del país por los próximos cuatro años.

Podemos decir que hay tres aspectos a considerar primordiales en toda fórmula presidencial. El aspecto formal regulado por la Constitución Nacional, está relacionado con las atribuciones y responsabilidades del presidente y vicepresidente. El aspecto netamente político, el cual resulta útil para entender la articulación de fuerzas políticas o aquellas cuestiones vinculadas a la gobernabilidad (cohesión) que se logra a partir del acuerdo entre los dos dirigentes que integran la fórmula presidencial. El tercer aspecto que debemos tener en cuenta es el simbólico, el cual nos interesa particularmente, por cuanto desde el punto de vista de las transformaciones culturales, resulta ser el más importante.

En un país fuertemente presidencialista como el nuestro, la fórmula presidencial expresa el modelo de país que proyectan sus integrantes, independientemente de su oportuno discurso político. Es un símbolo que conlleva un aspecto sumamente democrático en el sentido de que es la información más transparente y sintética a disposición del electorado acerca del país que viene.
En un mundo donde los ciudadanos difícilmente se detengan a leer propuestas de gobierno, escuchar largos discursos de propaganda política o participar de debates políticos, la “lectura” de la fórmula presidencial resulta una herramienta necesaria, potente y altamente certera para conocer el futuro impacto en la sociedad del binomio que se postula para gobernar.

Tomemos por ejemplo un caso reciente y comprobable: La fórmula Cristina Kirchner y Amado Boudou. Considerando la historia previa de ambos integrantes, podemos afirmar que el aspecto vinculado a la corrupción resultaba ser constitutivo de la trayectoria de cada uno. Pues bien, el resultado de la acción de gobierno una vez electa la fórmula presidencial fue el esperado: un país con los más altos niveles de corrupción y degradación cívica desde el retorno de la democracia en el año 1983.

Veamos ahora dos casos actuales de fórmulas que se proponen al electorado y que mejor simbolizan los modelos de país que los argentinos tendrán en el cuarto oscuro en pocas semanas.

Por un lado, la fórmula oficialista de corte Stalinista conformada por el binomio Scioli-Zanini. Simboliza la división nacional y profundización del modelo autoritario al estilo Venezuela. El riesgo a la libertad de todos está dado por la “inteligencia” probada y ejecutada en todos estos años al servicio del populismo del secretario legal y técnico Kirchnerista y la “nada” que representa el candidato presidencial Daniel Scioli. Es la nada a la que serán reducidas las libertades civiles si prospera esta propuesta electoral.

Por otro lado, si consideramos la trayectoria de ambos dirigentes, la fórmula presidencial Carrió-Flores es la que representa la salida a la República, el desarrollo y la unión nacional. Es un binomio conformado por Elisa “Lilita Carrió”, la dirigente política más digna proveniente de las clases medias argentinas y Héctor “Toty” Flores, el dirigente político más digno surgido de las clases pobres. Es, por lo tanto, un símbolo capaz de devolverle la dignidad a una nación que la perdió hace tiempo a manos de gobiernos indignos.

Carrió y Flores expresan la unión nacional de las clases pobres y medias de nuestro país, asentada sobre bases republicanas y de Justicia Social. Constituyen una fórmula que en caso de ser electa tendrá la potencia necesaria para sanar la nación y provocar un cambio cultural a escala a partir del ejemplo, la lucha contra la corrupción y el ascenso social de las clases pobres y medias de nuestro país en base al trabajo y la igualdad de oportunidades.

jueves, 16 de julio de 2015

La extorsión de la Cadena Nacional

La extorsión de la Cadena Nacional.

Por Mariano Álvarez
Artículo publicado en la edición impresa del Diario La Nación, el

El artículo 75 de la ley de servicios de comunicación audiovisual establece que el Poder Ejecutivo podrá utilizar la cadena nacional en "situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional". Así lo hicieron todos los presidentes desde el retorno de la democracia a excepción de Cristina Fernández de Kirchner, que en lo que va del año la utilizó 27 veces. Resulta útil para tomar dimensión del abuso mencionar que su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, la utilizó en dos oportunidades durante todo su mandato.

Sintéticamente, podemos señalar que la Presidenta utiliza la cadena nacional por fuera de lo establecido en tres situaciones específicas. La primera es cuando la usa para hostigar a quienes critican a su gobierno. La segunda, cuando propagandiza obras de gobierno o candidatos propios. La tercera es la más perversa por cuanto implica utilizar la cadena nacional para aumentar el grado de sometimiento político de sectores empobrecidos que dependen de la ayuda social que brinda el Estado.

Pude comprobar esta última instrumentación a raíz de una investigación de tipo cualitativo que realicé en un asentamiento del conurbano bonaerense el año pasado. Consistió en una serie de entrevistas anónimas con vecinos receptores de ayuda social y planes sociales, que ocupan el rol de clientes en la red de clientelismo político del barrio.
Además de detectar relaciones clientelares clásicas en las que se considera "normal" recibir ayuda social a cambio de asistir a marchas políticas, realizar pegatinas o fiscalizar para el oficialismo, pude verificar un perfeccionamiento de la red de clientelismo político a raíz del cambio en la estrategia comunicacional del Gobierno. En efecto, el uso sistemático de la cadena nacional por parte de CFK en donde ella misma se presenta como benefactora de nuevos planes sociales o anuncia aumentos para los ya existentes, como por ejemplo la Asignación Universal por Hijo (AUH), produjo una reconfiguración de la red de clientelismo tradicional a un estado de mayor condicionamiento político de los pobres que denominé "red clientelar de orden superior".

Como describe la bibliografía sobre el tema, en la red de clientelismo político clásico los clientes se relacionan con punteros que responden a patrones de extracciones políticas diferentes. En cambio, en la nueva configuración, los clientes se vinculan con distintos punteros políticos que gestionan la ayuda social, al tiempo que se les hace saber que hay un único patrón que la otorga, en este caso, Cristina. Esto es posible gracias al uso de la cadena nacional, porque le garantiza a la Presidenta hablarles directa y masivamente a los beneficiarios de los planes. De esta forma "saltea" a los punteros políticos de distintas extracciones partidarias, disciplinándolos, hecho que restringe aún más la libertad política por cuanto todos terminan trabajando para el poder central. Cuando indagué acerca de los inicios del barrio allá por los años 90, los vecinos me informaron de la presencia de punteros de distintos partidos políticos que competían entre sí. En la actualidad eso cambió, tal como resume Marta: "Sí, más kirchnerismo que otro, es como que no hay otros punteros políticos que no sean del kirchnerismo".

Cuando les pregunté a mis entrevistados acerca de la responsabilidad con relación al otorgamiento de la ayuda social, por ejemplo la AUH, todos respondían que era Cristina quien la daba. Cuando los consultaba acerca de la forma en que se habían enterado, las respuestas en general estaban referidas a que lo habían visto por televisión. Incluso, afirmaron esperar con "ansias" los anuncios de aumentos que "Cristina nos da varias veces al año".

Esta estrategia de comunicación tiene por fin condicionar fuertemente el voto de las personas en situación de pobreza. Se complementa con la acción articulada de los punteros políticos, que, al momento de llegar las elecciones, hacen circular rumores en el sentido de que si cambia el gobierno se pierde la ayuda social, hecho que atemoriza a los beneficiarios. El siguiente testimonio es de Susana, beneficiaria de una cooperativa de trabajo: "El boca en boca es de que si, bueno, si llega a bajarse Cristina o si se baja el gobierno actual, se pierden las cooperativas, o sea, es un boca en boca, no es algo que una cartelera anuncia ni ellos mismos, es un boca en boca, uno lo tiró y ya empiezan a hablarlo todos".

La nueva "red clientelar de orden superior" sobreviene cuando el clientelismo se convierte en política de Estado. Esta situación fue posible gracias al uso de la cadena nacional, en la cual CFK abandona su rol de presidenta y actúa como una gran puntera política que cada tanto, generalmente cerca de las elecciones, les recuerda a sus clientes que de ella depende la ayuda social.

Las consecuencias de esta política resultan nefastas para nuestro país por dos razones fundamentales. Primero, porque al condicionar el voto de millones de personas se afecta la calidad democrática. Segundo, porque se restringe la libertad política de las personas en situación de pobreza, lo que les resta la libertad imprescindible para su desarrollo y su ascenso social, tal como lo demostró el economista indio Amartya Sen.

Lo expuesto explica el súbito interés del oficialismo por hacer ley la AUH, reclamo histórico de la oposición, ya que teme que el próximo presidente tenga a disposición el extraordinario poder extorsivo que estamos describiendo.

En el siglo de las comunicaciones la cadena nacional es anacrónica, además de ser una herramienta extremadamente peligrosa en manos de gobernantes con vocación autoritaria, por lo que su uso debería ser prohibido o en todo caso ser optativo, como sucede en España o en Chile.

Docente de la Universidad de La Matanza y precandidato a diputado por la lista de la CC