lunes, 16 de agosto de 2010

Las ilustraciones (…y su relación con pueblos oprimidos como el de La Matanza…)

En 1784 el filósofo Immanuel Kant escribió un importante ensayo denominado ¿Qué es la Ilustración? donde se propuso explicar al movimiento cultural europeo que se inicio a principios del siglo XVIII hasta aproximadamente el inicio de la Revolución Francesa. Dicho movimiento significó un cambio radical para el hombre ya que a partir del mismo retoma una actitud crítica frente a creencias religiosas que se imponían como verdades absolutas. Según Kant “La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro”. Se refería principalmente a la superación por parte del hombre de la opresión ejercida por inquisidores y autoridades religiosas, quienes en nombre de Dios, cometieron todo tipo de abusos. Entonces, la Ilustración del siglo XVIII hizo a la gente más madura frente a las iglesias y significó un trascendental movimiento liberador dando lugar a un nuevo tipo de hombre: el ciudadano moderno, con sus derechos y obligaciones.

Sin embargo, y a pesar de esta importante evolución, aquel movimiento liberador prontamente se vería contrarrestado por la aparición de un nuevo tipo de opresión. Las incuestionables verdades religiosas fueron rápidamente reemplazadas por incuestionables verdades de la razón. La libertad individual ya no es restringida por verdades absolutas impuestas en nombre de Dios, sino que la imposición viene dada en nombre de la razón instrumental. Científicos y tecnócratas, interesados en que así sea, dictan coactivamente a través de instituciones estatales, lo que se puede aprender, enseñar, curar, hacer y no hacer. En su libro “La ciencia en una sociedad libre” Paul Feyerabend nos advierte sobre los peligros de este nuevo tipo de opresión, y nos da la pauta del comportamiento ciudadano esperado para su liberación “los ciudadanos no aceptan por más tiempo los juicios de sus expertos; no siguen dando por seguro que los problemas difíciles son mejor gestionados por los especialistas; hacen lo que se supone que hace la gente madura: configuran sus propias mentes y actúan según las conclusiones que han logrado ellos mismos”.

Finalmente nos queda por poner en evidencia otro tipo de dominación característica de pueblos como el de La Matanza. Es aquella que no se lleva adelante apelando a Dios o a las luces de la razón, sino que se evidencia apelando a cuestiones de índole sentimental. Los dirigentes políticos utilizan todo tipo de artilugios para “vender” soluciones que nunca llegan o llegan tarde, invocando cuestiones pasionales y sentimentales que muchas veces logran ilusionar a los ciudadanos. No se presentan como enviados de Dios ni como “sabios” especialistas, sino que lo hacen como humildes líderes que “entienden” y “aman” a su pueblo y que por ende lo defenderán y sacarán (ellos solos) de la pobreza. Sin embargo, los resultados terminan siendo siempre los mismos: el amado pueblo involuciona y se empobrece aún más, y sus líderes “bien intencionados”, salvo excepciones, elevan inexplicablemente su nivel de vida material a la par que eluden de la manera más creativa las responsabilidades de su perniciosa gestión.

El ciudadano libre, entonces, es aquel que valora la importancia de la religión, la ciencia y la política. Sin embargo, las sabe limitadas y descree fundamentalmente de las verdades absolutas y de aquellos que pretenden imponerlas en todas sus formas. Distingue claramente entre un buen líder y un vil opresor o charlatán. Valora sensiblemente su libertad individual, porque sabe la importancia fundamental que ésta tiene para encontrar su felicidad y prosperidad y la de sus conciudadanos. No es lo mismo un productor de riquezas que se siente responsable de si mismo que otro que espera la solución de sus problemas de la sociedad en que vive. No trabaja de igual modo quien asume resueltamente el diseño de su propia vida que el que aguarda con una actitud pasiva que le tracen desde afuera sus horizontes vitales. Se valora mucho más la libertad cuando se tiene esa intima convicción. Se es más audaz, más creativo y, en consecuencia, se es mejor ciudadano. Quizás el daño más grave cometido por los gobiernos demagógicos de La Matanza fue quitar a una gran mayoría de sus ciudadanos esa seguridad y confianza en sí mismo, esa fuerza motora dignificante que es propia de todo ser humano y que multiplicada por todos los rincones, traerá las mejores soluciones para el progreso de nuestra población.

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