miércoles, 21 de marzo de 2012

Del 1,8 de Carrió a la probabilidad de una evolución cultural




¿Estaremos los argentinos condenados a la involución permanente? A la luz de los acontecimientos de las últimas décadas, y a pesar de algún que otro parcial avance en el plano material, el balance general nos da una respuesta afirmativa a dicho interrogante. Pareciera ser, así, que nuestra sociedad no escapa a los designios de aquella ley inspirada hace aproximadamente 700 años a. C. por el poeta Hesíodo y enunciada por primera vez por el filósofo Heráclito de Éfeso cerca del 500 a .C, quien introdujo la idea de que todas las cosas están en permanente cambio y destinadas inexorablemente a corromperse. A este destino inexorable lo denominó “La ley general de la decadencia”. En el caso argentino, esta ley se hace evidente en una creciente crisis de valores donde la sociedad en su conjunto va aceptando cada vez más la corrupción generalizada, la mentira institucionalizada, las muertes evitables y el uso de los más vulnerables para hacer política. Todas estas cuestiones forman parte de la cultura o paradigma dominante argentino y explican las razones de nuestra decadencia. La pregunta que surge es, entonces, ¿qué probabilidades hay para un cambio de paradigma?

Kuhn y los cambios de paradigma

Quien seguramente podrá echar luz sobre los cambios de paradigma es Thomas Kuhn, a partir de su reconocido libro La estructura de las revoluciones científicas”. En dicha obra, el filósofo explica como los científicos son educados en las universidades bajo ciertas “verdades”, las cuales van ganado consenso con el paso del tiempo y se tornan incuestionables, constituyendo un paradigma dominante. La particularidad de este tipo de paradigma es que le dicen a la comunidad científica como deben interpretarse y entenderse los acontecimientos, y quien intente aportar una mirada diferente, aunque acertada, será tratado con intolerancia, tildado de loco y apartado de la comunidad. Kuhn enseña que en determinado momento el paradigma dominante es desafiado por otro paradigma rival que pone en evidencia sus inconsistencias y anomalías. Cuando esto sucede, el paradigma dominante se vuelve incapaz de dar respuestas a la comunidad científica y los científicos comienzan a perder confianza “en sus verdades”. Esta situación lleva a una crisis revolucionaria que trae aparejado el reemplazo del paradigma dominante por otro. El ejemplo tradicional en este sentido es el de reconocido científico Galileo Galilei, quien en el siglo XVI fuera perseguido y encarcelado por sostener que la tierra se movía, desafiando al paradigma dominante del astrónomo Ptolomeo.

Las “verdades” argentinas

La sociedad argentina comparte con la comunidad científica la siguiente característica: es adoctrinada bajo ciertas “verdades”. De ahí que nuestro paradigma dominante nos dice que la corrupción, la negación de la realidad, la avivada en lugar del esfuerzo, las muertes evitables y el uso de los pobres son cuestiones “normales”. Por lo tanto, quien ose desafiar estas verdades será tildado de loco, perseguido y apartado. Carrió propuso un paradigma desafiante a su comunidad, quiso romper el designio de la ley general de la decadencia, les dijo a los argentinos que pongan en el centro de sus concepciones otros valores y principios, y tal como ocurrió con Galileo, fue rechazada. Sucedió que los argentinos, bajo los influjos cada vez más intensos del paradigma dominante, consideraron una locura pensar en un país regido por la decencia, la justicia, la dignidad y en permanente búsqueda de la verdad. Echando mano a innumerables hipótesis “ad hoc”, terminaron convenciéndose de que la única salida es más de lo mismo. Esta lógica explica, mejor que cualquier otra, el 1,8 % de los votos de la última elección presidencial, en la cual se enfrentaron claramente dos concepciones rivales. Por un lado, el paradigma dominante, populista y autoritario, encarnado en el Kirchnerismo, actual mutación del Peronismo Post Perón. Por el otro, el paradigma desafiante, republicano y emancipador, representado en la opción de Elisa Carrió.

Resistencia y Evolución.

Dijo Steve Jobs: Las personas que se creen locas por pensar que pueden cambiar el mundo, son las que lo hacen“. Platón parece coincidir con este pensamiento, ya que creía que la ley general de la decadencia podía revertirse gracias al influjo de un legislador con excepcional voluntad moral (K. Popper).

Jesús, Sócrates, Da Vinci, Gandhi, Maria Teresa, Mandela, Luther King, Newton, Einstein, San Martín, cambiaron el mundo y comparten, entre ellos, al menos dos características: resistieron y desafiaron al paradigma dominante de su época y no se corrompieron. Es decir, no entregaron la causa en la que creían.

Fueron la persistencia y resistencia de Galileo y unos pocos, las que hicieron que en algún momento la comunidad científica aceptará que la tierra “se movía”, algo que había negado por siglos a pesar de las evidencias. Fueron la persistencia y resistencia de “Toty” Flores y unos pocos, las que derrotaron al clientelismo político en La Matanza, a pesar de que lo “normal” es que el Estado obligué a los más necesitados a entregar su libertad a cambio del voto y unos pocos pesos para sobrevivir.

En todo tiempo y lugar, siempre fue necesaria la resistencia como paso previo a los grandes cambios culturales. El 1,8% de Carrió ubican su lucha en esta trascendental situación. Aunque parezca paradójico, dicho porcentaje acerca más a los argentinos al “país de Carrió” que con guarismo mucho más altos. Igualmente, como contrapartida, existe el riesgo de que el paradigma dominante alcance su objetivo totalitario y logre arrasar con el testimonio republicano y emancipador, a la vez que consagre la involución cultural. Algo parecido a lo que hubiese ocurrido si mataban a Galileo y sus seguidores, a la vez que encendido fuego todos sus estudios y los de Copernico.

Por lo tanto, la resistencia tiene como objetivo mantener vivos los valores y principios que el paradigma dominante nacional kirchnerista, en su concepción autoritaria, pretende desterrar. Paralelamente, y siguiendo a Kuhn, buscará debilitar sostenidamente al paradigma dominante marcando sus inconsistencias, aún cuando la mayoría de las personas “no las vea”. Por último, conlleva la obligación de preparase para el momento en que el “universo conspire” según Pablo Coelho, el “punto decisivo cósmico” según Platón, “el rayo que ilumina” en palabras de Thomas Kuhn o “el milagro” para los creyentes, permita ver a los argentinos el camino seguro que les ofrece el paradigma desafiante, decidiéndose a dar el salto cultural que pondrá definitivamente a nuestro país en la senda de la felicidad y el progreso; esta vez, de verdad, “para todos”.


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