sábado, 23 de junio de 2012

Los valores de Belgrano. Resistencia, Entrega y Decencia.






Leido el 23/06/2012, en La Juanita, La Matanza. Seminario Nueva Civilización o Barbarie, a cargo de "Lilita" Carrio y "Toty" Flores.
Movimiento Humanista de Resistencia y Construcción 2012 (MR-2012)


Los valores de Belgrano.  Resistencia, Entrega y Decencia.
 
Principalmente, recordamos a Manuel Belgrano por haber sido el creador de nuestra Bandera Nacional. Sin embargo, Belgrano no sólo creo la estética del símbolo nacional, sino que también le trasmitió sus valores y sus virtudes. Por lo tanto, una buena forma de conocer nuestra identidad como argentinos, es conocer los valores que representa Belgrano, los cuales podemos resumirlos en tres palabras: Entrega, Decencia y Resistencia.  

Entrega, porque su formación y profesión era la de abogado y periodista, lejos de la guerra y los campos de batalla. Sin embargo, no dudo en ponerse al servicio de la patria  y tomar las armas cuando tuvo que defender nuestra tierra y libertad.
 
Decencia, porque fue un hombre público que nació rico y murió pobre.  Entregó su vida a la causa cívica que lo convocaba, dejando de lado sus intereses personales. Poco antes de morir, pagó los honorarios de su médico con el último bien material que tenía: su reloj personal.

Resistencia, porque nunca entrego la causa que defendía, aún cuando quedase en soledad, y quienes lo rodeaban flaqueaban en sus fuerzas físicas o morales. Las referencias históricas en este sentido son numerosas, pero hay una que lo pinta de cuerpo entero. Fue en 1806, durante las invasiones inglesas. Cuando las tropas inglesas tomaron el control de Buenos Aires, exigieron a todas las autoridades que prestaran juramento de lealtad. El Consulado en pleno accedió a la demanda inglesa, exceptuando a Belgrano que sostuvo: "Queremos al antiguo amo, o a ninguno", para luego exiliarse en Montevideo y colaborar con la liberación.

El esfuerzo y la entrega de Belgrano, junto a otros patriotas de su época, dieron sus frutos y sentaron las bases de un proyecto nacional basado en el progreso, la decencia y la libertad. Dicho proyecto, a poco de andar y no sin dificultades, hizo de nuestro país un lugar admirado por el mundo y receptor de las más altas expectativas de progreso. Expectativas objetivas y sensatas, muchos más altas que las de otras naciones a las que hoy llamamos desarrolladas o del primer mundo.

Sin embargo, nuestra desagarrada actualidad nos dice que dicho proyecto nacional fracasó y nos muestra que tan lejos estamos del país que Belgrano representa.
 
La bandera nacional fue enarbolada por primera vez en la ciudad de Rosario el 27 de febrero de 1812. Sin embargo, esta semana, en la misma ciudad, un vicepresidente sospechado de corrupción, con un patrimonio inexplicable, con un estilo de vida frívolo y un pasado de sospechas, encabezó el máximo homenaje nacional a la insignia patria y a su creador. Sucedió, entonces, una sorprendente paradoja de la historia, una imagen que habla por sí sola y que casi obliga a los argentinos a reflexionar y realizar una profunda autocrítica que nos permita dilucidar que nos paso y que hemos hecho con el legado de Manuel Belgrano.
 
Es probable que concluyamos que aquel proyecto de grandeza nacional por el que lucharon tantos hombres de bien, y en el que Belgrano resultó ser una referencia cardinal, fue transformándose con el paso del tiempo en otro proyecto al que paradójicamente también se lo llama nacional, pero con valores y principios de signo contrario y cuya máxima encarnadura podemos verla hoy en un sistema político arcaico, corrupto y clientelar. Los resultados de este proyecto de desintegración nacional son el permanente atraso y empobrecimiento de nuestro país, tanto en el plano material, como en el social y cultural. Un país en manos de corruptos y mafiosos, cuyas fortunas personales crecen al mismo tiempo que crecen las villas miserias y el padecimiento de nuestro gente, fundamentalmente la más postergada, que ya no puede caminar tranquila, atenderse dignamente en un hospital público, recibir una educación adecuada, o proteger a sus hijos del lento genocidio que lleva adelante el paco.
 
Y lo peor de todo es que nos quieren hacer creer que eso es desarrollo, que eso es progresismo o que eso es justicia social.
 
Belgrano, era de carne y hueso como cada uno de nosotros. Tenía problemas, necesidades y debilidades. Sin embargo, tenía dignidad. Lo cual es fundamental, ya que como dice “Lilita”, quien tiene dignidad, mantiene la capacidad de indignarse frente a las injusticias y actuar en consecuencia. Y eso es lo que hizo Belgrano, con una voluntad a prueba de todo.
 
Esa misma dignidad y voluntad es la que encontramos aquí en La Matanza, cuando hace más de 10 años, un grupo de desocupados, liderados por “Toty” Flores, rechazaron los planes clientelares que buscaban someterlos y dominarlos. Ellos, al rechazarlos, demostraron que otro país es posible, ya que aún en las peores condiciones materiales, es posible la integración social, el ascenso cultural y la libertad cívica. Hoy pueden mostrar orgullosos una cooperativa de trabajo con increíbles proyectos que recorrieron distintas partes del mundo, una escuela para los pibes del barrio con aire acondicionado en las aulas, y desde hace unos días, junto a otros excluidos morales, derribaron otro prejuicio: aquel que dice que los Bancos de primer nivel no abren sus puertas en barrios pobres. 

Esa misma dignidad y voluntad es la que encontramos en “Lilita” Carrió, reserva moral de la Nación. Una excelente abogada y profesora universitaria, a quien le iba muy bien en su vida privada. Sin embargo, al igual que Belgrano, eligió empobrecerse materialmente y entregarse a una causa noble por nuestra Nación y el futuro de sus hijos. Muchas veces en soledad, soportando una enorme carga, “Lilita” demostró que se puede ser decente  y gran  político al mismo tiempo (en el caso de Carrió, hay que decirlo, una gran Estadista). Que los principios y los valores son más importantes que cualquier proyecto de poder, si lo que se quiere es el desarrollo y progreso de nuestro país. Y que es preferible perder en las urnas, antes que traicionar al pueblo de la Nación.

“Lilita” Carrio, al igual que Belgrano, resiste, encarna una justa causa y es decente. Líder y Alma máter de nuestro movimiento Humanista de Resistencia y Construcción 2012, junto a “Toty” Flores, otorgan a nuestro espacio la misma impronta de los patriotas de aquel tiempo. Nos mueven los mismos sueños e ideales. Sin embargo, la revolución en nuestros tiempos ya no pasa por liberarnos de las cadenas opresoras del extranjero. Es una revolución en los valores. Una revolución que nos permita liberarnos de las cadenas opresoras de una cultura negacionista, ausente de valores, degradante, humillante, que nos embrutece, nos divide y nos impide el tan ansiado desarrollo. El objetivo es, como suele decir “Lilita”, cambiar los corazones, para luego cambiar la cabeza y la historia.

El mejor homenaje que podemos hacerle a Manuel Belgrano es recuperar ese humanismo lleno de virtudes cívicas que lo caracterizó. Un humanismo que saque lo mejor de cada uno de nosotros y que como correlato nos conduzca a la unidad nacional y el desarrollo de nuestro pueblo.

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