jueves, 15 de enero de 2015

¿Por qué la sociedad argentina vota corruptos?


¿Por qué la sociedad argentina vota corruptos?

Por Mariano Álvarez.

Doctorando en Ciencias Políticas y Secretario General del Movimiento Social por la República (MSR)

El voto en democracia es una elección humana, individual y secreta. Dicha elección responde a cierta lógica y no puede ser catalogada como azarosa, aun cuando muchos votantes argentinos mencionen que “no saben nada de política o que la política no les interesa”. Detrás del voto existen motivaciones que pueden ser racionalizadas y entendidas y que responden a distintas causas individuales como así también a contextos históricos, sociales y políticos.

En este caso, entonces, me interesa presentar las razones por las cuales una parte de la sociedad argentina vota liderazgos indiscutiblemente corruptos, como fueron los casos de Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner. Digo indiscutiblemente porque hasta sus propios partidarios (al menos los que son honestos intelectualmente) reconocen que sus fortunas son inexplicables si no es a partir de hechos de corrupción vinculados a su condición de funcionarios públicos.

Basado en el conocimiento brindado a partir de una técnica muy utilizada en las ciencias sociales conocida como observación participante, puedo afirmar que existen tres razones principales que explican la elección y encumbramiento de corruptos en la vida pública argentina. Las razones pueden ser  delictivas y/o materiales y/o psicológicas.

Recurren a las razones delictivas aquellos ciudadanos argentinos que son parte activa y constitutiva del sistema corrupto vigente en nuestro país. Aquellos que se benefician y fomentan directamente la corrupción. Es el voto de los “Lázaro Báez” o los “Boudou” y de gran parte de la dirigencia del  PJ y también de otros partidos, de algunos empresarios y sindicalistas, por poner ejemplos que todo el mundo conoce. Son los corruptos propiamente dichos, ni más ni menos, y por lo tanto su voto siempre ira en la dirección de mantener el statu quo vigente.

Las razones materiales explican aquel voto que está basado únicamente en la conveniencia individual del sistema económico vigente, pero que no significa que la persona beneficiada sea un corrupto. En todo caso se es cómplice por omisión del sistema, pero no un corrupto, liso y llano. Son todos aquellos que en su condición de ciudadanos “hacen la vista gorda” frente al robo perpetrado por las autoridades políticas, porque “les va bien” desde el punto de vista económico sin importarles la situación del prójimo. Cargos rentados, subsidios, jubilaciones, crecimiento económico individual, etc, son las razones que explican este voto a los corruptos. Es el voto de los jóvenes militantes de “La Campora” (no de su dirigencia que pertenece al grupo anterior), o también el voto de parte de la clase media argentina que les permitió a Carlos Menem y Cristina Kirchner ganar ampliamente las elecciones del 1994 y 2011 respectivamente, porque se podían comprar dólares, cambiar el auto o viajar al exterior. Excluyo de este punto a los sectores pobres víctimas de la extorsión de los punteros del PJ en cualquiera de sus variantes. Su voto no es libre y por lo tanto no atribuible a la responsabilidad individual ciudadana.

El voto explicado a raíz de razones psicológicas está relacionado con las frustraciones que como sociedad transitamos y que dejaron una huella profunda en nuestra ciudadanía. Esta situación de orfandad es aprovechada por los corruptos y gobernantes autoritarios como fue el caso del ex presidente Néstor Kirchner, luego de la gran crisis del 2001. Abrumados por la realidad que no tocó vivir, muchos argentinos están prestos a dejarse engañar para evadir la realidad y encontrar algún sosiego a la situación de angustia generada. Es cuando aparece y se hace fuerte el relato. Ya no importa la realidad porque se hace imposible enfrentarla por lo dura y cruel que se presenta.  Se torna inadmisible, por ejemplo, que en un país donde sobra la comida haya chicos que se mueran de hambre. Entonces, en lugar de enfrentar la situación y dar el paso necesario para cambiar,  se elige a quien la tergiversa y presenta una “realidad” paralela menos dolorosa. Se elige al corrupto, que en si es un mentiroso, un demagogo. Es el voto de los cobardes y la resignación, pero también de las víctimas, del sufrimiento y por lo tanto entendible.

Los dos primeros casos están compuestos por ciudadanos de dudosa o nula moralidad y responsabilidad pública y ciudadana. En el tercer caso, en cambio, la situación denota una patología colectiva que debe ser entendida por quienes aspiran a un cambio cultural que erradique la corrupción de nuestro país.

1 comentario:

  1. ¡Qué buen análisis! sobre todo a una pregunta que me la vengo haciendo de la época de Menem. ¡Gracias!

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