miércoles, 26 de enero de 2011

En La Matanza, vamos por la integración social

Que buen discurso el del dirigente y diputado nacional Héctor “Toty” Flores. Fue ayer, en la presentación de las propuestas de gobierno nacional de la Coalición Cívica. Uno de los conceptos que más llamaron a la reflexión se refería a la diferencia entre inclusión social e integración social. La diferencia radica, fundamentalmente, en que incluir al otro significa incorpóralo a determinado grupo ya establecido y que poco o nada se nutre de la nueva incorporación. Tomado en este sentido, incluir significa obligar al otro a ser como uno, desestimando la necesidad de su potencial aporte humano. En otras palabras: “Si sos como yo, te incluyo. Caso contario, te quedas afuera”. Es una postura autoritaria, pobre y egoísta, en la que todos, finalmente, terminan siendo excluidos.

En el lado opuesto, está la integración social. Es la que ve en el otro las virtudes de toda persona humana, independientemente de su condición socioeconómica. Y no solo eso, sino que también se re-conoce en el otro porque valora y comparte las cosas esenciales de nuestra humanidad. Entiende que todos tienen mucho para aportar y tiene en claro que nadie es dueño de la verdad y que la verdad y el camino del progreso se construyen con los aportes de todos, en democracia, libertad y transitando un camino juntos.

Casualmente este concepto va en sintonía con el título y el espíritu de este blog. Me refiero a la importancia de tener siempre una actitud crítica, constructiva y respetuosa, como condición humana que nos dignifica y nos permita ser ciudadanos, para luego encontrar las mejores soluciones a nuestros problemas con el aporte de todos los que forman parte.

Reconozco en las palabras del diputado "Toty" Flores el espíritu que guiará las acciones de nuestra fuerza a lo largo del próximo año en La Matanza. Recuperar la dignidad de todos los matanceros, para que todos nos sintamos parte de un proceso de cambio y progreso, que termine por recuperar la dignidad y el lugar que siempre le correspondió a La Matanza.

En “La Juanita” lo hicieron y demostraron que se puede. Nosotros, que somos ellos, lo vamos a hacer.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Feliz año, amigos

Termina el año 2010. Buen momento para hacer un balance reflexivo, tomarnos un momento para pensar y reflexionar sobre aquellas cosas que hicimos bien y aquellas que no. Por un instante, podemos intentar analizar objetivamente nuestros aciertos y nuestros errores. En el caso de los aciertos, para seguir mejorando y logrando muchos más. En el caso de los errores, para intentar corregirlos y comprometernos a no volver a repetirlos. El objetivo siempre es uno: Ser felices sin hacer infeliz a nadie. ¿Se podrá? Hay que intentarlo. Kantianamente diría que la voluntad de hacerlo es lo importante. Lo demás, ya no depende tanto de nosotros.

También es buen momento para pedir por quienes más sufren o están postergados. Que encuentren soluciones para su vida y puedan encaminarla. Creo que un gran salto de calidad (humana) en nuestras vidas resulta cuando nos reconocemos más preocupados y comprometidos por lo que sucede a nuestro alrededor. Ningún gran árbol crece y se desarrolla solo. Si tenemos la dicha de crecer, hagámoslo juntos a quienes nos rodean y ayudemos a construir un gran jardín.

Por último les cuento que en lo personal fue un gran año, fundamentalmente porque conocí y me vinculé con nuevos amigos. Estaban en La Matanza, más precisamente en Laferrere, “a la vuelta de la esquina” y por esas cosas de la vida nos encontramos y empezamos a recorrer uno camino juntos. Personas muy valiosas, muy dignas, muy honestas, muy valientes, con los que compartimos los mismos sueños y objetivos: Una Matanza y un país distintos, que cuenten con mayores niveles de justicia, prosperidad, transparencia, felicidad y unidad. Libres, prósperos y en paz.

Deseo profundamente que el año próximo puedan comenzar a hacerse realidad estas palabras.

Feliz año, amigos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La Navidad, un regalo que no hace distinciones


La foto la saqué a principios de esta semana, cuando pasaba por debajo de uno de los puentes de la autopista 25 de Mayo en la Capital Federal. Lo que parece ser una montaña de cosas apiladas, resultar ser, sencillamente, la casita donde viven al menos 5 niños menores de 10 años y dos adultos mayores. Admito que la cámara de mi celular no resulta ser muy buena, sin embargo, puede distinguirse en la foto un hermoso árbol de navidad. El mismo, prolijamente armado y lleno de adornos, tenía en su base 4 o 5 ositos que seguramente corresponderían a cada uno de los niñitos que pude distinguir a mi paso. Estaban “en patas”, sucios, desarreglados, flaquitos, pero aún así, mantenían en su cara esa sonrisa típica de esos años de inocencia absoluta.

Mientras caminaba, intentaba reflexionar sobre lo que veía. Pensaba muchas cosas, pero fundamentalmente me encontraba atraído por ese contrasté que significaba el bello y cuidado árbol de navidad y el patético e inaceptable espectáculo de pobreza que se levantaba alrededor. Al mismo tiempo y en un mismo espacio, veía representada la esperanza y la desesperanza juntas. Pensé que esos chiquitos tendrán su vida condicionada, muchísimo más que otros, que por azar, han nacido en hogares con mejores posibilidades. Pensé, entonces, en que muchas veces la vida se presenta injusta. Intenté, también, encontrarle sentido a ese arbolito de navidad, tan reluciente y lleno de esperanzas como cualquier otro. ¿Qué hizo que esa familia, sin "nada", tenga "todo" en ese árbol de Navidad?

La respuesta que encontré pasa por aceptar que hay dos navidades. Una, la artificial, la superficial, la insustancial, donde solo estamos preocupados en que comprar y en que regalar al otro. En ese tipo de Navidad, al llegar la medianoche, esos niños, al igual que muchos otros, no participarán. Para ellos, sencillamente, no existirá. En el otro tipo, en cambio, participarán plenamente. Me refiero a la verdadera Navidad, la profunda, la espiritual, aquella que da verdadero sentido a esa noche, donde Dios, hecho hombre, se nos regala a todos por igual. Es un regalo distinto, de otra dimensión, que llena todos los arbolitos, que no puede compararse con nada material, que no hace diferencias y solo busca corazones bien dispuestos. Corazones como el de esos chicos, que al menos por un segundo, a la medianoche, serán igual de felices que el resto de los niños.

Cuando ya me alejaba de la escena, mi lado racional se preguntó ¿No será solo una cuestión de FE? Mi respuesta racional fue: puede ser. De todas formas, poco importa. En definitiva ¿Cuántas cosas importantes en nuestras vidas son cuestiones de FE?

¡Feliz Navidad! ¡Si pueden, regalen mucho, pero al mismo tiempo, abran sus corazones!