martes, 28 de enero de 2014

Los argentinos en vísperas de una nueva oportunidad.

      A principios de 2012, escribí un artículo denominado "El derrumbe del PJ y el día después". La tesis surgió producto de discusiones e intercambios de ideas en La Juanita, a instancias del MR-2012. Sostenía que luego del 2001, el PJ había quedado erigido como el único partido político capaz de gobernar, siendo esta falacia aceptada e incorporad...a por la mayoría de los argentinos, incluidos varios referentes de la oposición política. Esta situación singular, que a primera instancia podría leerse como una ventaja para el partido del poder, resultó ser su gran talón de Aquiles. Ocurrió, entonces, qué el PJ se mostró por mucho tiempo tal cual es, sin disfraces, en el centro de la escena política, y sin la posibilidad de echarle la culpa a otro como ocurrió en 2001. Como consecuencia de esto, se inició un inédito proceso para amplias capas de la población argentina: rendirse ante lo evidente, esto es, que el corrompido PJ no sólo gobierna mal, sino que además, es el garante de la decadencia argentina.

     Lamentablemente, esta incorporación a la conciencia mayoritaria argentina de que la corrupción no puede gobernar se realiza lentamente y de manera traumática, con muertes e innumerables padecimientos en la vida diaria de los ciudadanos, como quedó harto evidente en este convulsionado tiempo.

      Sin embargo, lo sabemos, toda crisis es una oportunidad. A diferencia de 2001, y gracias al aprendizaje de estos años, cada vez más argentinos se preparan para lo que viene con la certeza de que el "roban pero hacen" no va más. Es decir, el PJ, tal cual lo conocemos, no va más.

      Esta situación resuelve parte de los problemas, aunque no ahuyenta todos los peligros latentes, entre ellos, la forma que tomará el nuevo orden político.

      Es que a la angustia objetiva y compartida por los argentinos producto del nuevo fracaso al que nos ha conduce irremediablemente el PJ Kirchnerista, le seguirán dos impulsos dominantes, característicos de todo periodo de crisis.

      El primero, propio de niños y adultos con trastornos síquicos, es aquel que puede llevar a la sociedad argentina a negar la realidad, rechazándola y substituyéndola por un nuevo relato fantasioso, conduciéndola a una crisis aún más profunda.

     El otro impulso, característicos de una sociedad adulta, implicará la toma de conciencia de los errores cometidos, el respeto a los tiempos constitucionales y la voluntad irrenunciable de elegir, en el próximo turno electoral, fuerzas políticas y dirigentes que luchen incansablemente contra el cáncer que corroe nuestro futuro como sociedad: la corrupción.

   Con razonable grado de optimismo, podemos afirmar que estamos frente al segundo escenario. Ojalá así sea.

martes, 10 de diciembre de 2013

Carrió y el deber de las clases medias


 

El miércoles pasado, en el aniversario por los 10 años del Instituto Hannah Arendt, en un emotivo y enérgico discurso, Elisa Carrió hizo mención a la responsabilidad de las clases medias argentinas. Dijo, textualmente: “Las clases medias deben ponerse de pie. Las clases medias deben ayudar a las clases bajas a ponerse de pie.”
Interpreto que dicho llamado implica una doble responsabilidad frente a la realidad social que vivimos, al tiempo que también resulta un llamado de atención a esa amplia franja de la población activa y pujante, orgullo de nuestra nación.
Primeramente, es una apelación a la dignidad propia de un sector social que muchas veces se dejó tentar por los beneficios y cantos de sirena del gobernante corrupto de turno.  Las causas de este tipo de elección son variadas y no podemos analizarlas en este breve escrito. Sin embargo, es importante subrayar que la conducta que lleva a vastos sectores de la clase media a apoyar a gobiernos corrompidos (PJ o sus variantes menores) pone en riesgo su misma posición social. Esto es así, dado que la praxis política del PJ es antirepublicana y autoritaria, lo cual involucrará, tarde o temprano, la cooptación de lo más valioso que tienen las clases medias: su libertad frente al poder clientelar.
Que las clases medias deban ponerse de pie, implica, según mi entendimiento, defender con convicción esa libertad sustancial, dejando de lado la aceptación cultural del “roban pero hacen” y que tiene su correlato en el cuarto oscuro.  Ya que esa relajación moral conducirá irremediablemente al descenso social de las clases medias a las clases bajas, que es el objetivo del PJ y que ya puede visualizarse nítidamente en varias provincias y municipios de nuestro país: mantener en el poder a una casta de dirigentes enriquecidos e impresentables a partir de un pueblo empobrecido, dominado por el clientelismo político.
Por otro lado, Carrió también mencionó que “deben ayudar a las clases bajas a ponerse de pie”. Aquí estamos frente a un imperativo moral que se traduce en  ayudar a los hermanos en estado de pobreza a liberarse del poder político opresor, que los somete a partir del clientelismo político. No significa que los pobres sean más o menos dignos que los que pertenecen a las clases medias. Nada tiene que ver con la condición o esencia humana, que no conoce de distinciones sociales. Es sencillamente una apelación a la responsabilidad social de ese amplio sector de la población argentina que dispone de las mayores herramientas y libertades para tomar decisiones conducentes al progreso de todos los argentinos de bien, sean pobres, de clase media o ricos. 
Esto es así, ya que lo inmoral y perjudicial para nuestro país no es votar a un corrupto, sabiendo que existe el riesgo de perder el plato de comida de los hijos (como explícitamente lo hacen saber en los barrios pobres los punteros del PJ antes de cada elección). Esa situación es entendible, y muestra el poder y perversidad del clientelismo político y sus ejecutores. Sin embargo, no es esta la situación de las clases medias, quienes aún mantienen la libertad de votar a conciencia (con todo lo que esto significa), independiente del plato de comida del día.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

En respuesta al artículo sobre Carrió de Beatriz Sarlo

En su edición del Martes, el diario La Nación publicó una nota de opinión de la ensayista Beatriz Sarlo, en el que afirma que la diputada nacional Elisa Carrió “destruyó lo que, previamente, había construido”.
 
No estoy de acuerdo con esta afirmación, por cuanto antes deberíamos preguntarnos ¿Qué intenta construir Carrió? para luego evaluar objetivamente sus méritos y desaciertos. Y es en este punto donde afirmó que la empresa que Elisa Carrió intenta llevar adelante en forma perseverante es de las más difíciles para un político. Por cuanto implica, en términos de la ciencia política, un cambio de régimen, al intentar poner la decencia y la ética en el centro de la vida pública argentina, como paso previo al desarrollo sostenido.
 
En un país en franca decadencia moral y material, donde luego de una “década ganada” el resultado es que se multiplicaron las villas miserias, la decidida y ejemplar lucha que emprende Carrió no puede sino estar plagada de construcciones y reconstrucciones hasta el momento en que los argentinos nos decidamos a dejar de lado “el roban pero hacen” por el “no roban y hacen”.
 
Por el bien de nuestro país y a costa de sufrir muchas traiciones, Elisa Carrió permanece incólume sosteniendo valores y principios indispensables para el momento en que los argentinos nos decidamos salir a la Republica y promover el progreso de nuestra Nación.