lunes, 29 de junio de 2015

Razones para votar este Domingo a #LaFórmulaSoñada

Carrió-Flores: El poder de una fórmula presidencial capaz de provocar un cambio cultural

Por Mariano Álvarez

Las fórmulas presidenciales no son inocuas. A partir de su composición y puesta en consideración son un insumo fundamental para el electorado que se dispone a votar la conducción de los asuntos públicos del país por los próximos cuatro años.

Podemos decir que hay tres aspectos a considerar primordiales en toda fórmula presidencial. El aspecto formal regulado por la Constitución Nacional, está relacionado con las atribuciones y responsabilidades del presidente y vicepresidente. El aspecto netamente político, el cual resulta útil para entender la articulación de fuerzas políticas o aquellas cuestiones vinculadas a la gobernabilidad (cohesión) que se logra a partir del acuerdo entre los dos dirigentes que integran la fórmula presidencial. El tercer aspecto que debemos tener en cuenta es el simbólico, el cual nos interesa particularmente, por cuanto desde el punto de vista de las transformaciones culturales, resulta ser el más importante.

En un país fuertemente presidencialista como el nuestro, la fórmula presidencial expresa el modelo de país que proyectan sus integrantes, independientemente de su oportuno discurso político. Es un símbolo que conlleva un aspecto sumamente democrático en el sentido de que es la información más transparente y sintética a disposición del electorado acerca del país que viene.
En un mundo donde los ciudadanos difícilmente se detengan a leer propuestas de gobierno, escuchar largos discursos de propaganda política o participar de debates políticos, la “lectura” de la fórmula presidencial resulta una herramienta necesaria, potente y altamente certera para conocer el futuro impacto en la sociedad del binomio que se postula para gobernar.

Tomemos por ejemplo un caso reciente y comprobable: La fórmula Cristina Kirchner y Amado Boudou. Considerando la historia previa de ambos integrantes, podemos afirmar que el aspecto vinculado a la corrupción resultaba ser constitutivo de la trayectoria de cada uno. Pues bien, el resultado de la acción de gobierno una vez electa la fórmula presidencial fue el esperado: un país con los más altos niveles de corrupción y degradación cívica desde el retorno de la democracia en el año 1983.

Veamos ahora dos casos actuales de fórmulas que se proponen al electorado y que mejor simbolizan los modelos de país que los argentinos tendrán en el cuarto oscuro en pocas semanas.

Por un lado, la fórmula oficialista de corte Stalinista conformada por el binomio Scioli-Zanini. Simboliza la división nacional y profundización del modelo autoritario al estilo Venezuela. El riesgo a la libertad de todos está dado por la “inteligencia” probada y ejecutada en todos estos años al servicio del populismo del secretario legal y técnico Kirchnerista y la “nada” que representa el candidato presidencial Daniel Scioli. Es la nada a la que serán reducidas las libertades civiles si prospera esta propuesta electoral.

Por otro lado, si consideramos la trayectoria de ambos dirigentes, la fórmula presidencial Carrió-Flores es la que representa la salida a la República, el desarrollo y la unión nacional. Es un binomio conformado por Elisa “Lilita Carrió”, la dirigente política más digna proveniente de las clases medias argentinas y Héctor “Toty” Flores, el dirigente político más digno surgido de las clases pobres. Es, por lo tanto, un símbolo capaz de devolverle la dignidad a una nación que la perdió hace tiempo a manos de gobiernos indignos.

Carrió y Flores expresan la unión nacional de las clases pobres y medias de nuestro país, asentada sobre bases republicanas y de Justicia Social. Constituyen una fórmula que en caso de ser electa tendrá la potencia necesaria para sanar la nación y provocar un cambio cultural a escala a partir del ejemplo, la lucha contra la corrupción y el ascenso social de las clases pobres y medias de nuestro país en base al trabajo y la igualdad de oportunidades.

lunes, 27 de abril de 2015

¿Por qué Aníbal Fernández miente?

 
¿Qué busca Aníbal Fernández cuándo miente descaradamente aún a sabiendas de que será desmentido en minutos y sumará un nuevo ridículo a su desvergonzada trayectoria política?

La pregunta resulta sumamente pertinente a raíz de lo acontecido ayer luego del cierre de mesas en la elección Capitalina. Pudimos ver en todos los canales de televisión a Aníbal Fernández asegurando que el FPV era la segunda fuerza política detrás del PRO, y que le sacaba varios puntos de ventaja a ECO.

En sus afirmaciones no había lugar a dudas, a pesar de que los resultados oficiales aún no se habían publicado. Luego, una vez que la verdad fue evidente para todos, mencionó el Jefe de Gabinete de Ministros, de quién depende el Ministerio del Interior, que sus datos de boca de urna "resultaron equivocados".

 Aníbal mintió descaradamente como en casi todas sus afirmaciones públicas. Es un mentiroso profesional, y ahí radica su principal virtud para ocupar el cargo que ocupa en un gobierno cuyo poder político se sostiene en el relato, es decir, en la mentira sistemática.

 Ahora, ¿Por qué miente Aníbal sabiendo que en minutos será desmentido? La respuesta a este interrogante está relacionada con el sector social a quien va dirigida su mentira y que representa el sostén del modelo “nacional y popular”. Es un sector de la población argentina constituido en su mayoría de buenas personas, ni peores ni mejores que otros sectores, pero que por diversas razones han elegido vivir en la mentira y a la cual poco les importa la verdad, posiblemente porque la misma les resulta irresistible y entonces prefieren negarla a enfrentarla.  Aníbal y los perversos comunicadores del aparato de propaganda K lo saben y por eso, al igual que otras experiencias autoritarias, lo aprovechan para sostener su caudal de votos. “Quieren relato y Aníbal se los da”, diría el convicto Fariña.

 Es un tema que debe ser explicado desde la sociológica y la psicología social y no tanto desde la política o la economía.  Entender esto es fundamental para comprender qué nos pasa como sociedad y por qué en lugar de desarrollarnos nos sub-desarrollamos cuando la mentira saca el 54 % de los votos.

jueves, 15 de enero de 2015

¿Por qué la sociedad argentina vota corruptos?


¿Por qué la sociedad argentina vota corruptos?

Por Mariano Álvarez.

Doctorando en Ciencias Políticas y Secretario General del Movimiento Social por la República (MSR)

El voto en democracia es una elección humana, individual y secreta. Dicha elección responde a cierta lógica y no puede ser catalogada como azarosa, aun cuando muchos votantes argentinos mencionen que “no saben nada de política o que la política no les interesa”. Detrás del voto existen motivaciones que pueden ser racionalizadas y entendidas y que responden a distintas causas individuales como así también a contextos históricos, sociales y políticos.

En este caso, entonces, me interesa presentar las razones por las cuales una parte de la sociedad argentina vota liderazgos indiscutiblemente corruptos, como fueron los casos de Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner. Digo indiscutiblemente porque hasta sus propios partidarios (al menos los que son honestos intelectualmente) reconocen que sus fortunas son inexplicables si no es a partir de hechos de corrupción vinculados a su condición de funcionarios públicos.

Basado en el conocimiento brindado a partir de una técnica muy utilizada en las ciencias sociales conocida como observación participante, puedo afirmar que existen tres razones principales que explican la elección y encumbramiento de corruptos en la vida pública argentina. Las razones pueden ser  delictivas y/o materiales y/o psicológicas.

Recurren a las razones delictivas aquellos ciudadanos argentinos que son parte activa y constitutiva del sistema corrupto vigente en nuestro país. Aquellos que se benefician y fomentan directamente la corrupción. Es el voto de los “Lázaro Báez” o los “Boudou” y de gran parte de la dirigencia del  PJ y también de otros partidos, de algunos empresarios y sindicalistas, por poner ejemplos que todo el mundo conoce. Son los corruptos propiamente dichos, ni más ni menos, y por lo tanto su voto siempre ira en la dirección de mantener el statu quo vigente.

Las razones materiales explican aquel voto que está basado únicamente en la conveniencia individual del sistema económico vigente, pero que no significa que la persona beneficiada sea un corrupto. En todo caso se es cómplice por omisión del sistema, pero no un corrupto, liso y llano. Son todos aquellos que en su condición de ciudadanos “hacen la vista gorda” frente al robo perpetrado por las autoridades políticas, porque “les va bien” desde el punto de vista económico sin importarles la situación del prójimo. Cargos rentados, subsidios, jubilaciones, crecimiento económico individual, etc, son las razones que explican este voto a los corruptos. Es el voto de los jóvenes militantes de “La Campora” (no de su dirigencia que pertenece al grupo anterior), o también el voto de parte de la clase media argentina que les permitió a Carlos Menem y Cristina Kirchner ganar ampliamente las elecciones del 1994 y 2011 respectivamente, porque se podían comprar dólares, cambiar el auto o viajar al exterior. Excluyo de este punto a los sectores pobres víctimas de la extorsión de los punteros del PJ en cualquiera de sus variantes. Su voto no es libre y por lo tanto no atribuible a la responsabilidad individual ciudadana.

El voto explicado a raíz de razones psicológicas está relacionado con las frustraciones que como sociedad transitamos y que dejaron una huella profunda en nuestra ciudadanía. Esta situación de orfandad es aprovechada por los corruptos y gobernantes autoritarios como fue el caso del ex presidente Néstor Kirchner, luego de la gran crisis del 2001. Abrumados por la realidad que no tocó vivir, muchos argentinos están prestos a dejarse engañar para evadir la realidad y encontrar algún sosiego a la situación de angustia generada. Es cuando aparece y se hace fuerte el relato. Ya no importa la realidad porque se hace imposible enfrentarla por lo dura y cruel que se presenta.  Se torna inadmisible, por ejemplo, que en un país donde sobra la comida haya chicos que se mueran de hambre. Entonces, en lugar de enfrentar la situación y dar el paso necesario para cambiar,  se elige a quien la tergiversa y presenta una “realidad” paralela menos dolorosa. Se elige al corrupto, que en si es un mentiroso, un demagogo. Es el voto de los cobardes y la resignación, pero también de las víctimas, del sufrimiento y por lo tanto entendible.

Los dos primeros casos están compuestos por ciudadanos de dudosa o nula moralidad y responsabilidad pública y ciudadana. En el tercer caso, en cambio, la situación denota una patología colectiva que debe ser entendida por quienes aspiran a un cambio cultural que erradique la corrupción de nuestro país.