lunes, 10 de septiembre de 2012

Evasión fiscal, corrupción y la crisis del paradigma dominante.

 
Por Lucas Arzamendia. Contador Público Nacional. lucasarza@yahoo.com.ar
 
 
Evasión fiscal, corrupción y la crisis del paradigma dominante. 
 
En este artículo trataré de señalar cómo las últimas medidas adoptadas por la AFIP respecto al cepo cambiario vienen a desnudar a la evasión fiscal como una parte importante del paradigma dominante y cómo estos últimos cambio ponen en crisis dicho paradigma.

Para el desarrollo de este artículo, observaremos a la sociedad argentina a partir de la dialéctica planteada por Kuhn de paradigma dominante y paradigma alternativo trasladado al análisis social. Según Kuhn, «Un paradigma es lo que los miembros de una comunidad científica, y sólo ellos, comparten». Trasladando esta definición al ámbito social, podríamos afirmar que el paradigma dominante esta dado por lo que los miembros de una comunidad comparten como basamento para el desarrollo de su vida en sociedad.
En la sociedad argentina, el paradigma dominante tiene como columna vertebral a la corrupción, tanto en el ámbito público como en el ámbito privado, y dentro de ella se inserta la evasión fiscal aplicando la matriz de corrupción a la relación fisco-contribuyente. Hasta el momento el paradigma se desarrollaba con un pacto social silencioso y por todos aceptados que implicaba un nivel de evasión fiscal que el fisco iba a tolerar, y en base a ello se desarrolló un sistema impositivo con alícuotas altísimas, un sinnúmero de impuestos y una gran maraña de leyes que alcanzaban para cubrir esa cuota que el contribuyente había acordado con el fisco que le otorgaría para la satisfacción de las necesidades públicas.
Kuhn señala que hay anomalías en todos los paradigmas, y que se descartan como niveles de error aceptables, o simplemente se ignoran y no se les tiene en cuenta. En la Argentina son fáciles de detectar. Ante el paradigma actual hay niveles de pobreza aceptables, niveles de corrupción pública y privada aceptables, niveles de analfabetismo aceptables, y así podríamos seguir enumerando. Externalidades del sistema. Anomalías que se aceptan o ignoran para mantener el status quo.
¿Pero que sucede cuando el Estado rompe el pacto silencioso de impunidad y por distintas razones – en este caso la necesidad de detener la fuga de dólares- avanza por sobre el contribuyente más allá de lo acordado dentro del paradigma?
A partir de la batería de resoluciones generales de la AFIP que han ido restringiendo poco a poco la disponibilidad de dólares, y que ha resultado en una automática restricción al movimiento internacional de los argentinos, la pata fiscal del paradigma de corrupción ha empezado a crujir. El ciudadano tenía garantizado un nivel de tributación, lo cual luego tenía como consecuencia indirectas un cierto grado de libertad de movimiento, de compra internacional y de ahorro en dólares, por lo menos para ciertos sectores sociales. Hoy ese acuerdo está roto y el paradigma cruje. El propio gobierno que, como actor central, aceptaba y practicaba la evasión fiscal estructural del sistema viene ahora, con la ley en la mano, a pretender su total aplicación, por lo menos en cuanto a fuga de dólares se refiere. El contribuyente queda atrapado. Atrapado por la propia estructura legal que no lo ampara en una situación en la que el fisco va por todo. Atrapado físicamente ya que no puede viajar libremente con el fruto de su trabajo. Atrapado productivamente, ya que no puede realizar inversiones que requieran recursos globales. Atrapado por un organismo del estado al servicio del poder para perseguir a aquél que diga algo en contra de la política oficial. Finalmente, y afectando sobretodo a quienes se encuentran en los escalones más bajos de la sociedad y que procuran avanzar, atrapado en la realidad de no soñar, en la realidad que sólo te habilita pesos cuyo valor se escapa de las manos como granos de arena y que no permite soñar un futuro basado en el ahorro, un futuro de progreso social.
Las reglas han cambiado unilateralmente. Se exige mayor tributación y se obtiene menor libertad. Estas anomalías del paradigma son señaladas y el cuestionamiento al paradigma dominante se hace presente.
Todo esto deriva en una segunda y última pregunta ¿Estamos dispuestos a un cambio de paradigma que no tenga a la corrupción como columna vertebral? Hoy se cuestiona al gobierno con sus medidas, pero el cambio de paradigma nos involucraría a todos. La evasión fiscal que permite el actual modelo no es trasladable un paradigma alternativo donde la ley sea el eje fundamental que regule las relaciones sociales y que se aplique a todos por igual. ¿Daremos el paso de cambio de paradigma o nos adaptaremos a la nueva situación del paradigma dominante?¿Estamos dispuestos a un nuevo contrato moral?

lunes, 6 de agosto de 2012

El derrumbe del PJ y el día después.

El 2001 representó el derrumbe del sistema de partidos en su plano funcional. Esto es, habiendo quedado sólo en pie el Partido Justicialista, lo que perdió la democracia argentina es la capacidad de alternancia en el poder de fuerzas que compiten entre si bajo las reglas de una República. El PJ quedó a salvo de este derrumbe, a pesar de haber sido uno de los actores principales que lo provocó. Pudo hacerlo porque, según se creía, garantizaba la gobernabilidad. Es decir, frente al abismo del 2001, los argentinos se comportaron como tan magistralmente lo expuso Hobbes en su gran obra El Leviatán. En un clima de anarquía, entregaron todas sus virtudes cívicas a aquel que les asegurase lo elemental: seguridad. Frente a esto, cuestiones tan extrañas para el PJ como ser el merito, la decencia o la eficiencia en la administración pública resultaron secundarias. Fue así, entonces, como el aparato del PJ, con el miedo como su principal socio, logró sobrevivir al derrumbe.
Ahora bien, a más de 10 de años de aquel suceso histórico, la capacidad del PJ para garantizar la gobernabilidad, es decir, la paz social, resulta un mito. Repasando la realidad nacional llegamos a la conclusión de que nadie, salvo los poderosos que viven con custodia permanente, vive tranquilo. El espacio público fue ganado por los violentos,  las Instituciones de la República, empezando por el poder ejecutivo, están cooptadas por corruptos, mafiosos y mediocres y los ciudadanos de bien, que aspiran a un país desarrollado, viven con  miedo y resignación frente a la creciente falta de libertades y soluciones a sus problemas concretos.
Ahora bien, al quedar el PJ en el centro de la escena política solitariamente y acumulando años en el poder, cada vez más capas de la población caen en la cuenta de que las crecientes deficiencias en la calidad de vida es responsabilidad del único partido político en pie, el cual, por diversas razones, considera apto para gobernar. En otras palabras, lo que estoy diciendo es que al PJ, a pesar de su extraordinario poder de mutación, se le hará cada vez más difícil transferir su responsabilidad. El relato engañoso que a modo de droga ofrece el PJ para aquellos que eligen evadir la realidad (porque les duele) podrá durar un tiempo, pero nunca será eterno.
Puesta así las cosas, una hipótesis con alta probabilidad es aquella que afirma que resulta cuestión de tiempo para que el sistema de partidos tradicional argentino se derrumbe definitivamente en su plano estructural. El proceso de caída del PJ podrá asimilarse a la caída de la Democracia Cristiana en Italia en la década del 90, conocido como “Tangentopoli”(ciudad de los sobornos). Será ese el momento histórico para la reconstrucción nacional. Aceptado por la inmensa mayoría de argentinos el sistema democrático de gobierno, quedará como tarea para las fuerzas sociales la construcción de un orden republicano, basado en un sistema de partidos políticos verdaderamente representativo de las demandas ciudadanas. Sin embargo, debe advertirse que no necesariamente dicho proceso resultará en un orden superador ansiado por una abrumadora mayoría de argentinos. Retomando el caso de Italia, el proceso que condujo al derrumbe de los partidos dio a luz al partido “Fuerza Italia” que condujo a Berlusconi al poder. Es decir, los italianos perdieron una gran oportunidad de cambio al tiempo que profundizaron su involución.

Es muy probable que la oligarquía del PJ haya advertido esta cuestión, y de ahí que se observe un creciente autoritarismo y despliegue virulento que llama la atención a más de uno. Ocurre que el PJ, al no poder descargar su responsabilidad, buscará demoler la voluntad de cambio del ciudadano libre para evitar que lo arroje del poder.

Quedará entonces por ver como se suceden los hechos en nuestro país. Aprendiendo de lo ocurrido en Italia y de cumplirse la hipótesis arriba enunciada, los argentinos estaríamos frente a la posibilidad de dar un enorme salto cultural. Habrá que preparase para ello.

sábado, 7 de julio de 2012

Respuesta a quienes dicen “esto no cambia más”


En 1997, el Banco Mundial, emitió un documento al que denominó: “Informe sobre el desarrollo mundial 1997: El Estado en un mundo en transformación”. Dicho informe, sugiere una serie de reformas con el fin de que el Estado responda mejor a los intereses de la población. Esto puede lograrse, dice el informe, con instituciones firmes, justicia independiente, estabilidad macroeconómica, inversiones en servicios sociales básicos e infraestructura, protección de los grupos vulnerables, defensa del medio ambiente y un acceso a la gestión pública que premie el merito y el esfuerzo.

Ahora bien, difícilmente encontremos quien no este de acuerdo con estos postulados. Sin embargo, las divergencias surgen cuando nos preguntamos si son posibles en un país como el nuestro, cuyo Estado nacional, corrupto y clientelar, promueve acciones y esfuerzos contrarios a los mencionados, garantizando el atraso de la población en lugar de su desarrollo y evolución.


Hojeando el informe, podemos encontrar respuesta al interrogante ¿Cuándo se producen las reformas del Estado? Es decir, al igual que las personas, los países tienen momentos en su historia propicios para cambios profundos, estructurales y culturales.


Una aclaración, por si hace falta. A pesar de toda la perorata y el relato fantasioso, el Kirchnerismo nada tiene de revolucionario. Es sólo una expresión exacerbada del PJ, cuyo signo primordial es subordinar todo, incluyendo el desarrollo de nuestra nación,  a la descarnada lucha por el poder.


Pero bien, retomando el informe, el Banco Mundial menciona que son tres las situaciones propicias para la reforma del Estado. Las iré mencionando y seguidamente expondré, en pocas palabras, ejemplos concretos de nuestra realidad nacional.

Situación 1. Crisis económica: Maquiavelo lo dijo claramente. “los hombres están más dispuestos a olvidar la pérdida de su padre que la pérdida de su patrimonio”. En 2001, nuestro país se sumergió en una grave crisis política y económica. La perdida del trabajo y el corralito financiero fueron sus detonantes. La frase “que se vayan todos”, fue un claro signo de exigencia generalizada de reforma política. Lamentablemente, en ese momento histórico de discernimiento nacional, no se encontró una salida confiable a las pretensiones de instituir un Estado moderno, por lo que no sólo no se fue nadie, sino que además se agravó la involución nacional.

Situación 2. Ataque externo: El ataque externo es un poderoso incentivo para tomar conciencia nacional de cuestiones relegadas o imperceptibles y actuar en consecuencia. Un buen ejemplo en este sentido fue la instalación de las papeleras de Botnia. Hasta ese momento, las cuestiones de contaminación ambiental producto de la industria papelera no eran tenidas en cuenta por la población argentina en general. De hecho, sobre nuestro territorio y desde hace muchos años, funcionan sin inconvenientes plantas pasteras que contaminan igual o más que las del Río Uruguay. Pese a esto, sólo cuando  el orgullo nacional fue afectado, se tomó conciencia del potencial daño ambiental y el Estado Nacional se involucró en el asunto. Los mismos mecanismos explican, también, las razones por las que reina la indignación cuando nos roban tierras los ingleses, pero poco decimos cuando quienes roban tierras fiscales son argentinos. Y no solo eso, sino que además se los premia votándolos para ser presidentes de la Nación.


Situación 3. Un gobierno con menos intereses con el sistema antiguo. Admito que personalmente es la situación que más espero. Sin embargo, es la que menos argentinos creen posible. Consiste en romper el corsé cultural que nos dice permanentemente al oído: “la mafia se combate con mafiosos, entonces, voto a mafiosos.” Es romper con la  creencia muy extendida en nuestro país de que para poder gobernar es necesario acordar con el poder mafioso y corrupto. Es la lógica del miedo que impuso el PJ y que se lleva puestos a otros espacios de la oposición. Por eso Binner, un hombre decente, se reunió con Moyano a pocos días de la elección presidencial. Buscaba demostrar “que puede gobernar”. Lo mismo hizo hace pocos días la cúpula radical. Lo cierto es que aún cuando los motiven buenas intenciones, la experiencia muestra que como resultado de esos acuerdos,  nada cambia.

El ejemplo de Medellín, en Colombia, resulta interesante en este sentido. Una ciudad arrasada por la droga y el delito, se convirtió en ejemplo de resurgimiento civil y de integración social y progreso. Sucedió algo impensado para el paradigma de precomprensión cultural argentino: accedieron al poder gobernantes sin vínculos con el poder narco, mafioso y corrupto que se había apoderado de la ciudad hasta ese momento.